
“…extremista, vanguardista, valiente, caliente y luchadora, pero también llorona y manipuladora, machista en algunos casos, sumisa y, por cierto, un poco mentirosa.”Y, claro, si uno lee esa especie de catálogo termina concluyendo que, efectivamente, Dios no es mujer, por más que los libros sagrados insistan en caracterizar al Supremo como alguien caprichoso y colérico, a la vez que amantísimo y bondadoso. Uno podría pensar, con cierta razón, que eso no es más que una humanización de Dios… Pero ese no el tema que nos ocupa: al menos en parte, nuestro tema es más bien al contrario: la divinización de los humanos y más concretamente de la mujeruno concluye que la mujer es humana, muy humana. Y es tal vez lo que la autora nos quiere transmitir, que alrededor de la mujer venezolana se ha tejido un mito que nos impide verla tal cual es. Mito que, por cierto, todos alimentamos de una u otra manera, sin importar nuestra condición social, laboral, sexual, afectiva, profesional, religiosa y para usted de contar.
Es un mito que ciertamente hemos ido construyendo desde hace un buen tiempo, que es explotado por las agencias publicitarias y los medios de comunicación, y que ha llegado a niveles de efervescencia cuando algunas mujeres venezolanas han sido coronadas como reinas de la belleza en certámenes internacionales. Es tanto que incluso muchos extranjeros vienen al país con el único propósito de admirar la belleza de las venezolanas; al menos ese es el propósito declarado, porque no son pocas las veces que su intención es poderse llevar a una de las nuestras a la cama y poder fanfarronear después ante sus amigos.
Así que, un poco para recapitular: Dios no es hembra, no lleva el par de cromosomas XX. Y también al revés: la mujer, al menos la mujer venezolana, no es Dios, aunque el mito que todos ayudamos a alimentar nos lleve a decir más veces de las que tal vez admitamos que la mujer venezolana es una diosa.
Es un mito que ciertamente hemos ido construyendo desde hace un buen tiempo, que es explotado por las agencias publicitarias y los medios de comunicación, y que ha llegado a niveles de efervescencia cuando algunas mujeres venezolanas han sido coronadas como reinas de la belleza en certámenes internacionales. Es tanto que incluso muchos extranjeros vienen al país con el único propósito de admirar la belleza de las venezolanas; al menos ese es el propósito declarado, porque no son pocas las veces que su intención es poderse llevar a una de las nuestras a la cama y poder fanfarronear después ante sus amigos.
Así que, un poco para recapitular: Dios no es hembra, no lleva el par de cromosomas XX. Y también al revés: la mujer, al menos la mujer venezolana, no es Dios, aunque el mito que todos ayudamos a alimentar nos lleve a decir más veces de las que tal vez admitamos que la mujer venezolana es una diosa.

